Las redes sociales prometen entre otras cosas, no sólo hacer amigos o reencontrarse con el pasado como Facebook, sino también hallar el amor de tu vida. No hablo de sexo, más allá del pirateo de algunos; hablo del amor, de una familia, de fotos de casamiento, la casa, los hijos y el perro. Mucha gente cae en esas redes (hay que reconocer que en gran parte son mujeres las víctimas de la ilusión) y en la mayoría de los casos, en la terrible mayoría de los casos, no sucede absolutamente nada.
Alguien podrá decir que tampoco se da en la mayoría de los lugares “no virtuales” que también proponen esto. La persona que se mete a buscar pareja en una red de esta clase suele también buscar en los lugares "reales" (por ejemplo un “Solos y solas”) pero hay otros tantos que no, que le ponen todas las fichas a la virtualidad. A esos me refiero.En estas redes el culto a la personalidad es inevitable (como en todas las redes sociales) cuanto más fotos subas, más personas van a interesarse en tu perfil, sobre todo si en las fotos salís bien y no como yo. Hay páginas en donde hasta se da una calificación a la "belleza" del usuario. Más allá de que las fotografías suelen ser engañosas, hay otra desventaja en relación con la realidad, que es el encuentro. Las redes sociales del amor generan muchos trámites. Primero inspeccionar bien las fotografías, a mirar con atención lo que te están mostrando del otro lado, luego el conocido histeriqueo y el paso al chat, que puede durar semanas, después quizá el teléfono, y finalmente si se dan con éxito estos pasos, el encuentro.
Recién ahí empieza todo. Encontrarse con una persona que uno conoció por internet y sobre todo si la conoció con el fin de tener una relación es una de las situaciones más engorrosas, desagradables y con mayores posibilidades de ridículo que hay en la vida. Los cuerpos tienden a parecer irreales, las palabras sobran porque uno ya contó todo por el chat y parece que no tiene nada más para decir, y en parte es verdad: a través de la virtualidad solemos sacar a la luz cosas que nunca diríamos de frente, o las diríamos después de mucho tiempo. Se hacen ridículos increíbles en el afán desesperado por hacer algo distinto o parecido al sujeto que uno mostró que es en la virtualidad. Porque uno es otro cuando la red lo libera, uno es más uno mismo.
No digo que no exista gente que haya encontrado al amor a través de estos medios, yo mismo conozco casos y quizá la generación siguiente esté todavía más habituada a conocer pareja de esta forma, quizás esté más preparada para el posible ridículo, para la pérdida de las dimensiones reales, tal vez nuestros descendientes generen un "speech" para los encuentros virtuales, algo así como el viejo y entrañable (aunque muy poco efectivo) "a vos te conozco de algún lado", pero para estas ocasiones. No lo sé.
Por el momento el FACE to FACE me sigue pareciendo más realista y por supuesto, mucho menos burocrático.
Saludos.
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